Sabemos que, a lo largo de las épocas, los judíos han sufrido persecuciones y asedios. Durante siglos, estos no fueron recibidos en Rusia con mucha alegría. Los príncipes y zares no se llevaron especialmente bien con la idea de tenerlos revoloteando en el país. Evidentemente, en la actualidad todo ha cambiado, hay miles de judíos en Moscú y la sociedad y política parecen haberse redimido con ellos.

En la Rus de Kiev se registró un barrio judío en los siglos XI y XII, aunque las crónicas históricas ubican la huella de este pueblo en los territorios actuales de Ucrania y la Federación Rusa mucho antes. En el país hubo una tendencia anti-judía, pero realmente a nadie le prestó demasiada atención hasta que el siglo XV la Iglesia Ortodoxa determinó que esas creencias eran demasiado herejes y, por medio de la orden de Iván III, príncipe de Moscú, uno de los líderes judíos fue ejecutado. A partir de allí la situación no mejoró.

Incluso en el siglo XX, con el cambio en la estructura ideológica y económica, el antisemitismo se respiraba en el aire. Hoy, hacemos un recuento de ello y traemos la breve historia sobre los judíos en Moscú, que también puede encontrarse visitando personalmente el Museo Judío y Centro de Tolerancia en la ciudad capital.

Los zares y el pueblo judío 

Discriminados, los judíos frecuentemente no podían vivir en la Rusia zarista a menos que renunciaran a su religión y a su cultura. A estas personas se les llamaba “judíos conversos”. Pedro El Grande dejó que algunos de ellos llegasen a buenos puestos en su corte, pero solo aceptaba a los bautizados en el cristianismo ortodoxo.

Aunque era raro verlos en en el país, desde 1772 hasta 1795 (luego de varias guerras) Rusia, Prusia y Austria se reparten Polonia: un territorio lleno de judíos. De pronto, la monarquía del Imperio Ruso se ve obligada a pensar qué hacer con los millones de judíos que vivían en los lugares que se anexaron. Primero, Catalina II de Rusia quiso apoyar una legislación para ellos, con el fin de que estos terminaran convirtiéndose en cristianos ortodoxos. Sin embargo, terminó rindiéndose y tomando medidas drásticas en su contra.

¿Por qué no les gustaban los judíos a los rusos?

Los rusos ortodoxos no despreciaban a los judíos solo por su fe, sino porque estaban comenzando a constituir la clase media en una Rusia que poco a poco avanzaba. Eso significaba que iban a empezar a tener un pequeño poder económico y peso en la sociedad: ni a los zares ni a la Iglesia Ortodoxa le hacía la más mínima gracia el escenario. En 1793, a Catalina la Grande se le ocurre la idea de crear la llamada Zona de Residencia, para mantener a los judíos en lugares escogidos y evitar que se esparcieran por todo el imperio.

La Zona de Residencia: pocos judíos en Moscú

La Zona de Residencia se constituía por aquellos sitios donde estaban permitidos los asentamientos y la circulación de los judíos. Estos eran las localidades que se habían anexado a Rusia después de la partición de Polonia. Solo unos pocos (el 3%), habitualmente los que tenían un mayor poder adquisitivo o educación superior, vivían en Moscú y San Petersburgo.

El resto de los judíos se encontraban en condiciones realmente duras y no eran raros los linchamientos cuando alguno caminaba por algún lugar que no le estaba permitido. Durante todo el siglo XIX, por lo menos dos millones de judíos emigraron a otras partes del mundo, intentando huir de Rusia. Otros pertenecieron a la fuerza militar, por medio de del reclutamiento, y lucharon en las guerras.

Uno de los zares de esa época, sin embargo, fue más tolerante respecto al judaísmo y sus practicantes. El zar Alejandro II, que gobernó entre 1855 y 1881, promulgó un cambio para la población judía. Se les permitió salir de la Zona de Residencia y estudiar en universidades de ciudades importantes. En Moscú y San Petersburgo comenzaron a verse más mercaderes, banqueros y pequeños empresarios.

Había 5 millones de judíos en Rusia para aquel entonces. La buena racha les cambió con la muerte de Alejandro II, pues volvieron a ser víctimas de pogromos y fueron expulsados de Moscú. Para entonces en la ciudad ya se había comenzado la construcción de la Sinagoga Coral. Igualmente, en 1917 se disuelve la ley obligatoria de la Zona de Residencia, poco después de que Nicolás II abdicara al trono ruso.

Antisemitismo en el siglo XX

En 1917, con la ley de permanencia en la Zona de Residencia abolida, grandes grupos de judíos se orientan nuevamente hacia Moscú. Vladímir Lenin, líder de los bolcheviques y dirigente de la Revolución de Octubre, desprecia abiertamente el antisemitismo y comienza a dar discursos que reivindican a los judíos y rechazan los linchamientos y leyes propios de la Rusia zarista.

No obstante, al mismo tiempo que se pronuncian estos discursos, inicia una tendencia anti-religión que afecta a todos los grupos por igual, cristianos ortodoxos o judíos. Varias sinagogas fueron cerradas y los líderes religiosos perseguidos en la década de los 20.

A pesar de que parecía que esta vez los judíos serían mejor tratados por el gobierno de la Unión Soviética (en especial porque lideres rusos como León Trotski tenían raíces judías), en la Rusia comunista no se toleraba su fe y se les seguía discriminando. Este panorama se volvió más visible con el ascenso de Stalin al poder.

Los judíos durante el estalinismo

A Stalin no le gustaban los judíos, pero el antisemitismo de su gobierno estuvo, al principio, encubierto por excusas. Es decir, no se arrestaba a judíos por ser judíos sino “por ser contrarrevolucionarios o no patriotas”. Antes que él, Lenin había pensado en darle al pueblo judío en Rusia un territorio, con la esperanza de modificar el estilo de vida y sus creencias, para que se apegaran al comunismo soviético. A finales de la década de 1928, Stalin los envía a lo que hoy es el Óblast autónomo Hebreo.

Los judíos siguieron siendo discriminados en el siglo XX, pero en menor cantidad. Cuando la Alemania nazi muestra su claro antisemitismo y el holocausto judío da inicio, Stalin no deja que aquellos que venían huyendo del exterior entren a la Unión Soviética.

Finalmente, Hitler envía a sus tropas a Rusia y los judíos que se les atravesaban a los militares fueron exterminados o llevados como prisioneros de guerra. Por otro lado, al verse traicionado por los alemanes, el líder soviético crea el Comité Judío Antifascista en 1942, para ganar la confianza occidental y apoyo para enfrentar a los nazis. A pesar de ello, los linchamientos y muertes violentas de judíos en territorio de la URSS continuaron durante la Segunda Guerra Mundial.

Judíos en Moscú durante la Guerra Fría

Probablemente la muestra más grande de antisemitismo en la Unión Soviética, durante la Guerra Fría, fue la campaña a la que Stalin dio pie entre 1948 y 1953. Se llamó “Cosmopolita sin raíces”. A finales de 1948, Stalin estaba evidentemente molesto de que Israel (estado mayoritariamente judío) aceptase como aliado a Estados Unidos, el rival de la Unión Soviética, y se promovió la idea de que los judíos no eran patriotas o no sentían ningún tipo de apego hacia la URSS.

Para 1952, más de la mitad de los miembros del Comité Judío Antifascista habían sido fusilados, acusados de traición y espionaje. La purga étnica continuó a principios de 1953, cuando Stalin declaró que existía un supuesto “Complot de los médicos” para asesinar a los dirigentes del gobierno y comenzaron a ser arrestados y torturados los médicos judíos. El 11 de febrero de 1953, la Unión Soviética oficialmente rompe relaciones diplomáticas con Israel y la hermana del presidente Jaim Weizmann es apresada en Moscú.

Ser judío en Moscú el día de hoy

La verdad es que el antisemitismo en Rusia se registró incluso en la década de 1980. La Unión Soviética reanudó relaciones con Israel antes de su disolución, en octubre de 1991. Sin embargo, el buen clima diplomático no comenzó a notarse sino hasta el 2000. En 2019 se registraban poco más de 180 mil judíos en Rusia y 130 mil viviendo en Moscú.

En la actualidad existen escuelas judías, sinagogas y comunidades en la capital. Boruj Gorin, representante de la Federación de Comunidades Judías de Rusia, explicó en 2018 que por lo menos el 90% de los judíos rusos no son particularmente religiosos y se casan con personas que profesan otro tipo de fe.

Es difícil encontrar un barrio de judíos en Moscú bien constituido. Más que nada hallamos comunidades a lo largo de la ciudad. En 2012, abrió uno de los museos judíos más grandes del mundo en la capital: el Museo Judío y Centro de Tolerancia. Lejos quedaron las persecuciones religiosas y culturales.

Sinagogas en Moscú

Finalmente, las sinagogas más resaltantes de la capital son la Sinagoga Coral de Moscú y la Sinagoga Marina Rosha de Moscú. La primera es la sinagoga más grande de Rusia y de allí salió el famoso grupo Coro Turetsky. Abre de lunes a viernes a las 8:30 a.m. y los fines de semana funciona a las 9:30 a.m. igual que los días festivos. Esta se encarga de todo lo relacionado con eventos de los judíos en Moscú, desde bodas a funerales.